Santilli y el desafió de dejar atrás el Adornigate
El gabinete de Javier Milei sufrió las consecuencias de la persistencia de la crisis en torno al renunciado jefe de Gabinete. Con su reemplazante, los funcionarios de la Casa Rosada intentarán recomponer su reputación en la conversación pública.
La sustitución de Manuel Adorni por Diego Santilli presenta una paradoja reputacional para el Gobierno.
Santilli es una figura mucho menos relevante que su antecesor en volumen de conversación, pero llega con una evaluación digital propia de alta negatividad.
El dirigente proveniente de las filas del PRO recibe la conducción de un gabinete expuesto a un intenso fuego semántico en redes sociales, un terreno en el que él también aparece vulnerado.
Los ministros y principales colaboradores de Javier Milei dejaron de ser considerados, ante todo, como un grupo dedicado a administrar la gestión pública, para ser interpretados bajo una gramática cargada de conflictos políticos varios.
El costo reputacional de Adorni
Manuel Adorni monopolizó la conversación sobre el gabinete, especialmente luego del estallido del escándalo que lo involucró.
De acuerdo al análisis de Monitor Digital, el exjefe de Gabinete se despidió concentrando casi el 70% de las menciones sobre los ministros, muy por encima de Luis Caputo, Karina Milei, Diego Santilli, Martín Menem y el resto de los funcionarios relevados por Monitor Digital.
Durante los últimos meses, Adorni adquirió una visibilidad negativa que rozó el 90% de rechazo, conformada por una narrativa cargada de términos crudos como error, escándalo, corrupción, denuncias, deuda, censura, corrupto y mentira.
Durante su permanencia como ministro coordinador, el gabinete de Milei dejó de ser evaluado en redes por sus resultados de gestión y quedó absorbido por una conversación de crisis.
El escándalo protagonizado por Manuel Adorni provocó, desde marzo pasado, una estampida de menciones sobre el gabinete del orden del 200%, que luego se sostuvo en niveles muy elevados durante los meses siguientes, configurando una meseta alta y peligrosa.
El fenómeno provocado por Adorni estuvo muy lejos de ser un pico episódico de indignación: se convirtió en una agenda de crisis persistente sobre los principales colaboradores del Presidente, capaz de mantener al gabinete en el centro del debate incluso cuando variaron los temas de coyuntura.

“Adorni es Milei”
Un dato recurrente que emerge de los análisis de Monitor Digital sobre Manuel Adorni a lo largo de la crisis que lo envolvió es la presencia, en primer plano, del apellido Milei en la narrativa de las redes políticas.
Durante junio, el Presidente apareció dentro del mismo campo semántico que términos como Justicia, escándalo y enriquecimiento ilícito, entre otros.
En la conversación pública, el Adornigate no fue leído como un asunto personal del exfuncionario, sino como una imputación directa a la Casa Rosada.
La crisis desbordó al protagonista y se proyectó sobre la marca política del Gobierno.
Este derrame fue especialmente sensible porque golpeó sobre la promesa de diferenciación ética de La Libertad Avanza.
Queda por ver si la salida de Adorni puede servir para cortar esa asociación.
Pero seguramente no alcanzará con remover al protagonista.
La conversación deberá cambiar el eje narrativo como para que la descompresión sea visible alrededor del gabinete de Javier Milei.
Santilli: menor centralidad, con una reputación “zafable”
Durante junio, el flamante jefe de Gabinete, Diego Santilli, fue un actor secundario dentro del elenco presidencial.
Sumó apenas el 4,1% de las menciones entre los funcionarios relevados, un valor que exhibe la enorme distancia respecto del saliente Adorni.
El bajo perfil digital de Santilli, además, contiene un dato reputacional nada despreciable.
Durante junio, el dirigente de pasado macrista se ubicó entre las figuras de mejor desempeño relativo dentro del relevamiento, aunque todavía en valores negativos.
Santilli aparece tercero en la escala de sentimiento, sólo por detrás del ministro de Defensa, Carlos Presti, y de la vicepresidenta, Victoria Villarruel.
El nuevo jefe de Gabinete le saca ventajas amplias, por ejemplo, al renunciado Manuel Adorni, quien dejó la Casa Rosada como uno de los tres funcionarios con peor reputación digital.
La comparación favorece a Santilli, pero no debe confundir: evidencia un saldo reputacional menos deteriorado que el de Adorni, no con una valoración positiva consolidada.

Santilli: entre Adorni, Milei, Macri y la Casa Rosada
La conversación en redes sobre Diego Santilli compone una narrativa vinculada con la reorganización del poder libertario, más allá de su trayectoria política.
Santilli desembarca en la Jefatura de Gabinete como un dirigente asociado por los usuarios a distintos reacomodamientos de la política argentina contemporánea; y la conversación digital convierte esa biografía política en material reputacional.
Su llegada no es leída solamente como un cambio administrativo, sino como un movimiento dentro de una trama de poder que incluye a Adorni, Milei, Macri y la Casa Rosada.

Los términos más agresivos de la nube semántica sobre Diego Santilli —como chorro, estafa, offshore, corrupto o espías— expresan una hostilidad digital alejada de la verificación periodística y de las imputaciones judiciales, para recostarse en prejuicios políticos e ideológicos de distinto tipo.
Pero, aun sin constituir pruebas de nada, esos términos son relevantes ya que muestran el repertorio de ataque disponible en redes.
Diego Santilli ya cuenta con una carga negativa previa a sus nuevas funciones, lista para escalar si la transición de gabinete genera nuevos conflictos.

Los desafíos que vienen
El escenario de descompresión en la Casa Rosada ocurrirá si la salida de Manuel Adorni reduce de manera sostenida términos filosos como escándalo, corrupción, Justicia y error baja su intensidad.
Asimismo, dicho disentimiento sucederá si Diego Santilli logra desplazar su agenda hacia cuestiones relacionadas con la gestión, la relación con los gobernadores, las reformas que impulse y, en definitiva, los resultados concretos.
La crisis comenzará a disiparse sólo si Santilli logra evitar absorber la centralidad negativa que tenía Adorni y, al mismo tiempo, reduce los niveles de rechazo sobre su propia figura.
Si no lo logra, la Casa Rosada habrá reemplazado al principal emisor de conflicto, pero no a la matriz reputacional que volvió vulnerable al gabinete.
Si la ampliación de funciones de Santilli no descomprime el contexto adverso que rodea a los ministros de Javier Milei, el Gobierno quedará frente a una crisis persistente: ya no centrada en un solo funcionario, sino extendida a todo el staff gubernamental.
En definitiva, el gran desafío del oficialismo libertario será desacoplar las desventuras personales de sus funcionarios de la evaluación sobre la gestión.
Esa asociación, que Manuel Adorni profundizó de manera gravosa, sigue posándose como un fantasma sobre el equipo que rodea al Presidente.
La destreza de Diego Santilli para separar su reputación personal de su desempeño funcional será decisiva.
El reto es particularmente complejo para un dirigente leído en redes como parte de la casta política que Javier Milei, de manera paradójica, fue el blanco de muy duras definiciones políticas como parte de su repertorio discursivo para llegar a la Casa Rosada.
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