Por qué la Argentina no tiene un 2001 pese al ajuste: las redes tienen algo qué decir
En el cierre del segundo año de gestión de Milei, el país transita una paz social más bien parecida a una "tensión social administrada".
La conversación general: de la aspereza a la relajación
Dos historias corrieron en paralelo durante los tres últimos años de conversación pública de los argentinos.
La primera historia fue la de las redes sociales, que se movieron en un clima negativo casi constante, con un empeoramiento fuerte en los primeros meses de Milei en el poder y una mejora gradual más adelante.
La segunda historia fue la de los medios de comunicación, que sostuvieron un tono más positivo y “económico-técnico”, pero con una interrupción brusca hacia el cierre de 2024, cuando la agenda social y política volvió a empujar el encuadre.
Por qué las redes empeoraron al inicio de Milei (y por qué después aflojaron)
El arranque de la gestión libertaria combinó tres golpes que en redes funcionaron como dinamita emocional.
El primer golpe fue el shock de precios tras la devaluación y la liberación de múltiples precios.
La inflación mensual de diciembre 2023 saltó a 25,5%, con un impacto inmediato en góndola, tarifas y expectativas.
La inflación de enero 2024 siguió altísima (20,6%), y ese “doble mes” instaló un clima de pánico doméstico: alquiler, alimentos, transporte, medicamentos, todo junto.
El segundo golpe fue la sensación de "intemperie".
El ajuste pegó sobre consumo y empleo, y la pobreza se disparó en el primer semestre de 2024 a 52,9% según el INDEC, un dato que en redes operó como relato social crudo: “no se llega”.
El tercer golpe fue la incertidumbre política.
El rechazo del paquete de reformas en el Congreso y la tensión institucional de esos meses alimentaron un frame típico de redes: “se van”.
Después, la curva social no se volvió “buena”, pero sí se tornó menos explosiva.
La conversación pública de los argentinos aflojó cuando la inflación dejó de correr como una estampida.
En abril 2024 el IPC bajaba a 8,8% mensual, y la desaceleración se sostuvo con meses posteriores en torno del 4% y luego cerca del 3%.
Esa baja no resolvió la crisis del bolsillo, pero sí cambió la psicología cotidiana: menos urgencia, más capacidad de planear, menos “fin de mes apocalíptico”.
La conversación en redes también mejoró cuando algunos indicadores sociales dejaron de empeorar sin freno.
El INDEC informó una baja de pobreza a 38,1% en el segundo semestre de 2024, y ese dato alimentó una lectura de “piso y rebote” en sectores de la opinión pública.
Paralelamente, el mercado laboral y los salarios dejaron una grieta interna que se leyó fuerte en redes.
A duras penas, los salarios privados alcanzaron a superar por poco margen a la inflación en términos reales, mientras el sueldo del sector público quedó más castigado.
Esa asimetría empujó un clima mixto: menos bronca generalizada, más bronca segmentada.
En el primer tramo del gobierno de Javier Milei las redes sociales argentinas mejoraron el clima de debate por desinflación y por una percepción de “algo se estabilizó”.
De todos modos, el sentimiento siguió en negativo porque el costo social sigue siendo alto y porque la recomposición de lo perdido por el ajuste no llega de manera equitativa.
Por qué los medios mejoraron más
La línea evolutiva del sentimiento detectado durante los últimos 3 años en la cobertura general (no sólo la política y económica) de los medios de comunicación se movió con una lógica distinta a la de las plataformas.
La prensa digital, antes que nada, premió el ordenamiento de la macroeconomía.
Déficit cero, acumulación de reservas, desinflación, rally de bonos y disciplina fiscal, entre otras medidas, constituyeron una suerte de relato disciplinador de parte del gobierno libertario sobre las riendas del Estado.
Ese encuadre empujó el sentimiento las publicaciones mediáticas hacia terreno “regular/bueno”, incluso cuando la calle y el consumo mostraron tensiones.
La interrupción de fines de 2024 de este "buen romance" entre prensa y gobierno apareció cuando la agenda dejó de ser sólo macro y volvió a ser política social con conflicto.
El veto y la disputa por el financiamiento universitario reactivaron una narrativa de “recortes con costo simbólico”, con protestas y votaciones tensas en el Congreso.
La agenda de jubilados también empujó un frame más áspero, con protestas por el veto presidencial y denuncias de pérdida de poder adquisitivo.
En paralelo, la economía real siguió mostrando su fragilidad..
Aun con inflación más baja, el consumidor argentino continuó sintiéndose "apretado”, con tarifas y alquileres como motores del alza mensual y con consumo golpeado ( como por ejemplo la caída del consumo de carne en 2024).
La recesión y la contracción de la actividad económica también reaparecieron en la agenda mediática en el tramo final del año, y eso enfrió el optimismo a finales de 2024.
Sin embargo, durante 2025 el sentimiento en medios recuperó terreno cuando la desinflación volvió a dominar la escena y cuando el gobierno mostró resultados fiscales consistentes, incluido el dato de superávit 2024.

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